Chilly Gonzales lo anunció desde el principio de su actuación, al subir al escenario con una bata y zapatillas con ribetes morados: "Estás buenísimo, soy un showman". No fue evidente al principio, pero lo que siguió confirmó sus palabras. Más de una hora de concierto sin igual. Este hombre, con sus numerosas colaboraciones, desde Daft Punk hasta Abd Al Malik, pasando por Jane Birkin, Feist y Philippe Katerine, está lleno de sorpresas. Nos regaló un espectáculo musical de fuegos artificiales, rebosante de humor, ironía y buena música, con su piano, el violonchelo de Stella Le Page, el violín de Yannick Hiwat y la batería de Joe Flory. Pasando con fluidez de las sonatas al rap e incluso una versión de "Time After Time", desató un torrente de notas para deleite del público, tanto si ya lo conocían como si descubrían su mundo salvaje y alucinante por primera vez. Entre las imágenes inolvidables, no se puede perder a Wonderfoule, quien acaba de grabar con Arielle Dombasle, surfeando sobre la multitud en la carpa de Jazz In Marciac. El público terminó la actuación de pie, cautivado por el fenómeno musical.
Otro artista esperaba al público. Pero no en la misma línea que Chilly Gonzales, sino más bien un bajista virtuoso. Con Marcus Miller, ya sea abofeteando, golpeando o tocando con los dedos, todo sonaba divino, y el espectáculo fue un extra. Suficiente para deprimir a cualquier bajista promedio. A menos, claro, que estuvieran saboreando la libertad que ofrecen la maestría y el talento. Un magnífico set de Marcus Miller, quien cede la voz a todos los músicos con un gesto de la mano, presentando una deliciosa mezcla de piezas históricas como "Tutu", que compuso para Miles Davis, y temas con fuerte carga política como "Gorée", llamada así por la isla frente a la costa de Dakar por la que más de mil africanos fueron transportados a la esclavitud. Este compromiso le valió el título de Artista por la Paz de la UNESCO. Pero como explicó Marcus Miller en el escenario de Jazz In Marciac, la música permite un homenaje placentero a experiencias terriblemente dolorosas. El resultado fue un concierto donde tanto el público como los artistas disfrutaron al máximo. Un repertorio generoso para el público también sirvió de plataforma para jóvenes músicos como el joven guitarrista francés Tom Ibarra, de apenas 22 años, la misma edad que tenía Marcus Miller cuando Miles Davis lo catapultó al estrellato. Y al igual que en sus anteriores presentaciones en Jazz In Marciac, el concierto terminó con el público pegado al escenario, balanceándose al ritmo del bajo bailable de Marcus Miller. ¡Ya queremos más!















